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miércoles, 1 de febrero de 2012

LAGO DE SANABRIA - LEYENDA

Cuando el conocimiento del hombre y los medios científicos a su alcance no pueden explicar los fenómenos naturales surge la narración de hechos fabulados que va pasando de generación en generación.
El Lago de Sanabria tiene también su origen legendario.
La leyenda posiblemente difundida por los monjes llegados a San Martín de Castañeda hacia mediados del s. XII procedentes del Monasterio de Carracedo (León).
Monasterio de San Martín de Castañeda

Cuenta la tradición que a orillas del río Tera, en el lugar que hoy ocupa el lago, existía un pueblo de nombre Valverde de Lucerna, gentes de poca fe y egoístas.
Un día de lluvia y frío llego a este lugar un pobre peregrino hambriento y cansado del camino (que resulto ser Jesucristo). De puerta en puerta por todas las casa del pueblo fue pidiendo limosna y cobijo, pero sus moradores una y otra vez se lo negaron.
Cuando ya salía del pueblo, a sus afueras, se encontró con unas mujeres que junto al horno preparaban masa para hacer pan, compadecidas del pobre lanzaron al horno una “pizca” de masa para cocer, tanto creció el pan que fue necesario partirlo para sacarlo del horno.
El peregrino recomendó a las mujeres que se quedasen en el lugar elevado que ocupaba el horno, pues como castigo iba a inundar el pueblo por no darle auxilio sus habitantes.
Levantando su cayado golpeó la tierra con fuerza diciendo:
Aquí finco mi bastón,
aquí salga un gargallón;
aquí finco mi espada,
aquí nazca un gargallón de agua.
Al instante comenzó a manar tal cantidad de agua que en poco tiempo el pueblo quedo inundado dando lugar al actual lago. Solo el lugar donde se encontraba el horno quedo por encima de las aguas y es la pequeña isla que hay en el lago.

Aguas del Lago de Sanabria que cubren el imaginario Valverde de Lucerna

Cuentan las gentes del lugar que desde entonces, todos los años al amanecer el día de San Juan (24 de Junio) las almas en gracia de Dios que se acerquen a las orillas del lago, oyen, milagrosamente, tocar las campanas bajo las cristalinas aguas.
También cuente la leyenda que los vecinos de los pueblos cercanos intentaron salvar las campanas, de nombre Verdosa (por su color) y Bamba (por su gran tamaño), con ayuda de dos bueyes (Bragao y Redondo). Una pudo salvarse y dicen es la que tañe en la iglesia del pueblo de Vigo de Sanabria, mientras la otra se fue al fondo de las aguas.
“Tu te vas, Verdosa,
yo me quedo Bamba
y hasta el final del mundo
no seré sacada”
Lago de Sanabria, en la ladera de la sierra San Martín de Castañeda

El filósofo y escritor D. Miguel Unamuno (Bilbao, 29-09-1864 – Salamanca, 31-12-1936 a las 72 años) profesor y Rector de la Universidad de Salamanca, buen conocedor del Lago y sus tierras, eligió estos lugares como escenario de su novela San Manuel Bueno, mártir.
En su visita al Lago de Sanabria en Junio de 1930 escribió:

“San Martín de Castañeda
Espejo de soledades,”
_ _ _

“Campanario sumergido
de Valverde de Lucerna
toque de agonía eterna
bajo el caudal del olvido.”
_ _ _

“Se queja en vano tu bronce
en la noche de San Juan,
tus hornos dieron su pan, “
Campañas del Monasterio de San Martín de Castañeda

viernes, 5 de noviembre de 2010

CRISTO EN LA LEYENDA -2-



CRISTO DE LA VEGA

La leyenda toledana la recoge las Crónicas del siglo XVI y fue popularizada por el poeta y dramaturgo del romanticismo español José Zorrilla y Moral (Valladolid 1817 – Madrid 1893) en su obra poética A buen juez mejor testigo.

Nos cuenta que Diego Martínez antes de partir a la guerra de Flandes promete a su amada Inés Vargas ante la imagen del Cristo de la Vega que a su regreso se casaría con ella. Pasa un tiempo el soldado regresa convertido en capitán, ante su nueva situación social niega la promesa que había hecho.

Inés pide justicia el gobernador de Toledo Pedro Ruiz de Alarcón que después de escuchar a las dos partes les pide presenten algún testigo; la joven pone como testigo al Cristo de la Vega que presencio el juramento.

Ante el asombro de los presentes, todos se encaminan hacia la ermita para tomar testimonio a tan singular testigo.

El notario después de leer las acusaciones pide juramento al crucificado que desclavando su mano derecha y poniéndola sobre los libros exclamo: ¡Si, juro!

A partir de este suceso la imagen del Cristo aparece con el brazo derecho descolgado de la cruz y los labios entreabiertos.

La imagen original fue destruida por las tropas de Napoleón en La Guerra de la Independencia (1808 – 1814). Una nueva imagen es bendecida en 1824 que seria hacha pedazos en la Guerra Civil y restaurada en 1938 por Bienvenido Valverde.

Imagen del Cristo de la Vega, Toledo

- A buen juez mejor testigo-

Está el Cristo de la Vega
la cruz en tierra posada,
los pies alzados del suelo
poco menos de una vara;
hacia la severa imagen
un notario se adelanta,
de modo que con el rostro
al pecho santo llegaba.
A un lado tiene a Martínez;
al otro lado, a Inés de Vargas;
detrás el gobernador
con sus jueces y sus guardias.
Después de leer dos veces
la acusación entablada
el notario a Jesucristo
así demandó en voz alta:
-Jesús, hijo de María,
ante nos esta mañana
citado como testigo
por boca de Inés de Vargas
¿juráis ser cierto que un día
a vuestras divinas plantas
juró a Inés Diego Martínez
por su mujer desposarla?
Asida a un brazo desnudo
una mano atarazada
vino a posar en los autos
la seca y endida palma,
y allá en los aires "¡Sí, juro!"
clamó una voz más que humana.
Alzó la turba medrosa
la vista a la imagen santa
Los labios tenía abiertos
y una mano desclavada.

(Fragmento de la obra de José Zorrilla)

sábado, 30 de octubre de 2010

CRISTO EN LA LEYENDA -1-

EL CRISTO DE LAS INJURIAS – ZAMORA

Cuenta la leyenda que por los años mil quinientos un joven vecino de Zamora llamado Juan Yáñez de León pretendía casarse por interés y no por amor con Leonor Gil de Castro, joven huérfana que era buena, caritativa, cristiana y honesta; pero fue rechazado y trama un plan para vengarse.

Pago a unos hombres para que colocaran por la noche una escala en la casa de Leonor poniendo en entredicho su honra. A la mañana siguiente toda la ciudad hablaba de lo sucedido.

La joven, acompañada por su tío, acude al Convento de San Jerónimo para pedir ayuda a fray Antonio, el freile les aconseja invitar a Juan al convento, el joven acepta, pero niega cualquier participación en los hechos de los que le acusan. Ya en el convento fray Antonio pidió a Juan se colocara de pie ante el Cristo y le pregunto: ¿Juráis por Dios que nada tuvisteis que ver con los hechos para poner en duda la honra de Leonor?

Cristo de las Injurias – Zamora

Juan respondió que nada tenia que ver con tales sucesos.

Un gran trueno retumbo en la iglesia apagándose los cirios y se oyó una potente voz que por tres veces dijo: ¡Mientes!

Cuando todo paso Juan había desaparecido como tragado por la tierra. Y los presentes daban alabanzas al Cristo que con su milagro había devuelto la honra a la joven Leonor.

Desde ese día a imagen es conocida con el nombre de Cristo de las Injurias.

Es uno de los mejores crucificados del renacimiento español, s. XVI entre 1530 – 1560 de influencia italiana y autor desconocido ha sido atribuido a Gaspar Becerra (Baeza (Jaén) 1520 – Madrid 1570).

La imagen se encontraba en el Monasterio de los Jerónimos (en 1534 la orden levanta el monasterio de Zamora en la margen izquierda del río Duero) desaparecido con la desamortización del Trienio Liberal (1820 a 1823) es trasladada a la S. I. Catedral donde en la actualidad se le da culto y es la imagen titular de la Cofradía del Silencio. En la Guerra de la Independencia estuvo a punto de ser quemada por las tropas de Napoleón.

Cristo de las Injurias - detalle

Cristo de grandes proporciones (2 m.) tallado en madera, su cabeza ladeada hacia la derecha e inclinado sobre el pecho esta ceñida por una corona de soga de la salen grandes espinas, la boca entreabierta, su mirada perdida; en su costado derecho una profunda herida mana abundante sangre; tres clavos lo sujetan a la cruz: dos en sus manos con los dedos flexionados y uno en sus pies (derecho sobre izquierdo).

Su majestuosidad inspira un sentimiento de compasión.