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jueves, 2 de marzo de 2017

IN PERPÉTUUM

JOSE MARIA ALONSO RICO
(Morales de Toro (Zamora), 1936 – Zamora, 2017)

Hace unos días fallecía en Zamora de forma inesperada, pues a pesar de su edad era un hombre vitalista y capaz, José María Alonso Rico. Después de cenar con unos antiguos amigos profesores, vecinos de residencia, se sintió indispuesto, trasladado al Hospital Virgen de la Concha, los médicos solo pudieron certificar su muerte horas después.
Rico, como era conocido por sus amigos y compañeros nació en Morales de Toro (Zamora) en 1936; en su juventud tomó la decisión de cursar estudio en la Universidad de Comillas (Santander), donde se licenció en Filosofía y Teología, no como una salida a la necesidad, pues procedía de una familia social y económicamente acomodada; sus aspiraciones eran formarse y realizarse como persona para ser útil a los demás.
Ordenado presbítero en Abril de 1961 (25 años); su primer encuentro con la vida pastoral fue durante un año como coadjutor en la parroquia de San Julián de Toro; pasando en 1962 al Seminario como profesor de Latín y nombrado Rector de este centro en 1964. Gracias a sus esfuerzos y al apoyo de sus compañeros profesores los jóvenes que allí realizaban su formación vieron homologados sus estudios en la vida civil.
En 1969, coincidiendo con la puesta en marcha del Instituto “Cardenal Pardo Tavera” de Toro, deja el Seminario de esta ciudad para trasladarse a Madrid y ampliar estudios.
De regreso a Zamora en 1972 es destinado a Benavente. Eran tiempos en que los curas comprometidos con lo social y laboral, sin desteñidos colores de la política, podían terminar en la cárcel concordataria de Zamora; tiempos en que miembros de información asistían, y no por devoción, a las homilías de algún sacerdote en la iglesia de San Juan.
Aquí, en este pueblo nuestro, no fue párroco de atrios románicos, su labor pastoral la realizó en el barrio de San Isidro.
Su labor y compromiso con los jóvenes fue montar una residencia para los alumnos de fuera de Benavente, cuando eso del transporte escolar era desconocido, y pudieran cursar estudios en el Instituto de Enseñanza Media del que era director espiritual. Con la colaboración de los jóvenes profesores Felipe Navarro y Javier Cobeta, siendo directora Carmen Campa y jefe estudios Francisco Bartolomé, equiparon con mesas, sillas, literas y demás útiles necesarios unas dependencias que no se usaban del que iba ser I.E.S. “León Felipe”; esta iniciativa sirvió para que muchos jóvenes de la comarca realizaran estudios de Enseñanza Madia.  
D. José María dejo en estas tierras  su “poso” social mientras tomaba camino de Zamora en 1977,  para ser coadjutor de San Lázaro, con dedicación al barrio del Espíritu Santo. En ese tiempo dará clases de Literatura en el colegio Corazón de María. Cuando se creó la nueva parroquia del Espíritu Santo (1987) es nombrado su párroco y capellán de la Hermandad Penitencial que tiene sede en esta iglesia. Pasando a ser párroco emérito en 2008 y cesar como capellán de la Hermandad en 2009. 
Que su obra y ejemplo perdure entre nosotros.



Rector Seminario de Toro (1965). Párroco Espíritu Santo (2007)


                      La tierra de su pueblo natal cubre su cuerpo mortal.
   Su alma descansa para siempre en la paz del Señor.

martes, 19 de abril de 2016

IN MEMORIAM



                                                  Cuando la vela de la vida se apaga.
                                                  Cuando el sol se oculta tras la montaña.
                                                  Ahí estas Tu.
                                                  Lo material será polvo, pero el espíritu
                                                  encontrara el descanso y la paz de lo eterno.
 

En este mundo en que vivimos zarandeado, como hoja al viento, por el materialismo, situaciones de pobreza, desarraigo, terrorismo descontrolado; crisis humanas y económicas que afectan a lo personal y colectivo; nuestra razón nos dice que todo tiene un principio y un fin, que los ojos que un día se abrieron al mundo y a la vida se cerraran con la muerte en algún momento.
Pero cuando esto sucede con alguna persona que conocemos, con las que a diario nos cruzamos o  con la que compartimos dichas y desdichas, algo se estremece, se resiente en nuestro interior.
Una de estas personas era Angelita Junquera Santiago, a la que la enfermedad, más que la edad, venció.
En Villaveza de Valverde, donde nació, vivió con sus padres (Justo y Felicitas), hasta que marcho a Zamora para formarse como maestra siguiendo la vocación de su madre. En el magisterio encontró su realización personal y su forma de vida; volviendo al mundo rural de donde había salido para dedicarse por entero a la formación de niños y jóvenes, en aquellos años en los que se cumplía el dicho “pasas mas hambre que un maestro escuela”.
Era de aquellas hornadas de maestros, que junto al medico y el cura, vivían en los pueblos; no eran forasteros, eran un vecino mas, que compartían las penas y alegrías de aquellas gentes.
Ejerció la docencia en varios pueblos, entre ellos Valdelacasa de Tajo (Cáceres), Tabara (Zamora), para terminar en Roa de Duero (Burgos), población donde ejercía como juez su tío José Santiago Seco; aquí permaneció durante 32 años, hasta que le llego la jubilación y se traslado, en compañía de su tío, a Benavente donde paso sus últimos años.
 Mujer sencilla, humilde, abnegada; no dada a la alabanza y al cumplido fácil; de su boca no salía una queja o reproche. Pero si agradecida, delicada, de trato exquisito; piadosa, en la eucaristía encontraba la paz interior y fuerza para el espíritu.
Quiso devolver a los desfavorecidos, a los que creía más necesitados, lo que la vida a ella le dio. Fe de esto pueden dar las muchas misiones y personas anónimas a las que favoreció; o la importante aportación que hizo al Santuario de la Peregrina de Donado (pueblo de su madre) cuando en Septiembre de 2011 se incendio.
Que en la persona de Angelita se vean representadas todas aquellas personas anónimas que día a día, en este imparable girar de la vida, nos dejan.
Las lagrimas de nuestros ojos se secaran, pero el recuerdo de todos ellos permanecerá para siempre.